El aceite de ricino es un aceite vegetal obtenido de las semillas de Ricinus communis, una planta originaria de África oriental y hoy cultivada en muchas regiones tropicales y subtropicales. Es un aceite poco habitual entre los vegetales por su elevada concentración de ácido ricinoleico, que puede representar alrededor del 85–90 % de sus ácidos grasos. Su textura densa y sus propiedades emolientes lo han convertido en un ingrediente apreciado tanto en cosmética como en otras preparaciones tradicionales.
El aceite de ricino aporta una espuma especialmente cremosa y ayuda a que permanezca durante más tiempo. También contribuye a una sensación más suave y acondicionada durante el lavado. Lo elegimos precisamente por esa combinación: una pequeña cantidad puede modificar de forma apreciable el carácter de una fórmula.
El aceite de ricino acompaña al ser humano desde hace miles de años. En el antiguo Egipto ya se utilizaba en el cuidado personal y como combustible para lámparas. Su presencia en prácticas tan distintas habla de una materia prima asociada al cuidado, la utilidad y el aprovechamiento de la naturaleza.
Las semillas del ricino pueden ser mortales si se ingieren. Contienen ricina, una sustancia extremadamente tóxica que se libera al masticarlas. Lo curioso es que de esas mismas semillas se obtiene un aceite que, tras el proceso adecuado de extracción y purificación, no contiene ricina y se utiliza con normalidad en cosmética.
Conocer un ingrediente es comprender una parte de la fórmula.
Sentir cómo trabaja junto a los demás es vivir la Colección Sensaciones.
EQUILIBRIO · GOZO · IMPULSO · REPOSO